Charles Michel, el líder inesperado en Bélgica y en Europa

EFE

El primer ministro belga, Charles Michel.

La corta pero intensa carrera política del liberal Charles Michel, el primer ministro más joven de Bélgica en más de siglo y medio, le ha llevado a ser un líder inesperado en su país y también en la Unión Europea (UE), tras haber sido seleccionado como presidente del Consejo Europeo.

Michel se postuló como firme alternativa a la presidencia del Consejo Europeo a última hora de las maratonianas negociaciones para designar a los nuevos cargos de la cúpula comunitaria, tras caer opciones como la de la danesa Margrethe Vestager.

Como carta de presentación, su capacidad negociadora en un país donde también llegó al frente del Gobierno de manera inesperada, pues su partido fue la tercera más votada en 2014 pero fue elegido como candidato de consenso para contentar a las fuerzas políticas francófonas en unas elecciones que ganaron los soberanistas flamencos de la N-VA.

Actualmente en funciones al frente del Gobierno belga desde que la N-VA abandonó la coalición en el poder el pasado diciembre por su rechazo a acatar el Pacto Mundial para la Migración de la ONU -un acuerdo no vinculante que finalmente sí acudió él a firmar en Marrakech (Marruecos)-, Michel no tenía un futuro político claro tras las elecciones belgas de mayo.

En esos comicios repitió victoria la N-VA pero con menos votos, seguidos de los socialistas.

A Michel, que nació en Namur, capital de la región francófona belga de Valonia, el 21 de diciembre de 1975, el interés por la política le vino de su padre, Louis Michel, exministro de Asuntos Exteriores belga y dos veces comisario europeo.

Francófono de nacimiento, Michel habla un fluido holandés ya que realizó parte de sus estudios de Derecho en la Universidad de Amsterdam y, con toda seguridad, a la influencia de su padre, quien antes de comenzar su carrera política fue profesor de este idioma.

A los 16 años se unió a la Federación de Jóvenes Reformadores Liberales de una localidad valona, de la que fue presidente desde 1992 hasta 1999. Más tarde fue vicepresidente del Consejo Provincial del Brabante valón, ministro valón de Asuntos Internos y Servicio Civil, concejal de Empresas públicas y de Urbanismo de Wavre y más tarde alcalde de esa ciudad y portavoz del Movimiento Reformador.

En 2007, Michel fue nombrado ministro federal de Cooperación y Desarrollo, un puesto que ocupó hasta 2011.

Dos años después, el entonces ministro calificó de «alucinantes, escandalosas e incluso irresponsables» unas declaraciones del papa Benedicto XVI en las que dijo en un viaje a África que el preservativo «agravaba el problema del sida».

A principios de 2011, Michel renunció a su cartera ministerial tras ser elegido líder del MR, un punto de inflexión en su carrera que le acercaría un poco más a la cumbre de la política.

En las elecciones de 2014, los nacionalistas flamencos de la N-VA ganaron de manera arrolladora, mientras que el MR sólo fue la quinta fuerza más votada y tercera en escaños, pero el rey Felipe de los belgas nombró a Michel «informador» -persona encargada de la negociación para la formación de Gobierno- y, más tarde, «coformador» junto al flamenco Kris Peeters.

Tras el largo proceso de negociación que siguió a los comicios, Michel logró confeccionar un Gobierno de coalición gracias al acuerdo de su formación con otros tres partidos flamencos de centro derecha: la N-VA, los democristianos del CD&V y los liberales Open VLD.

De esa manera, el 11 de octubre de 2014 Michel se convirtió, a sus 38 años, en el primer ministro belga más joven desde 1841.

Sin duda, el «momento negro» -como él mismo lo definió- de la legislatura de Michel, fueron los atentados yihadistas que golpearon Bruselas el 22 de marzo de 2016, cuando tres bombas -dos en el aeropuerto de Zaventem y una en la estación de metro de Maelbeek- dejaron 32 muertos y 324 heridos.

En los días posteriores a los ataques, tanto el ministro de Interior belga, Jan Jambon, como el de Justicia, Koen Geens, presentaron su dimisión por su «responsabilidad política», sin que fueran aceptadas por Michel al considerar que no se trataba del momento adecuado debido a la proximidad con los atentados.

El joven primer ministro también tuvo que manejar la delicada situación de veto de la región de Valonia al acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá, el llamado CETA, que condicionó la postura de Bélgica y mantuvo en vilo a los Veintiocho hasta que se logró un acuerdo forzado por los socialistas valones.