Sin líderes y organizadas por redes sociales: así son las protestas que reprime el Gobierno de Irak

JORGE GARCÍA

  • Las protestas en Irak ya se han cobrado 27 muertos y más de 1.500 heridos.
  • Los expertos señalan el carácter peculiar de las manifestaciones.

Protestas en Bagdad.

En los últimos días numerosas protestas han surgido entre la población civil iraquí en Bagdad, capital del país, y las ciudades de Nasiriya, Amara, Kut, Najaf y Hilla entre otras; este jueves, ya se había contabilizado una cifra de muertos que podría llegar a los 27, según fuentes del propio Gobierno. Los intentos de frenarlas por parte del Ejecutivo, presidido por el primer ministro Adel Abdul al-Mahdi (que el próximo mes completará su primer año de mandato) no solo están fallando, sino que avivan aún más el descontento de unos manifestantes que se sienten olvidados por los poderes públicos.

Así, las fuerzas policiales luchan duramente por reprimir las manifestaciones. Se han impuesto toques de queda en las localidades afectadas por las protestas (que están siendo sistemáticamente ignorados) y limitaciones al acceso a internet y redes sociales; lo que al no surtir efecto, ha elevado la tensión entre los manifestantes y las fuerzas del orden, que han respondido empleando gas lacrimógeno, cañones de agua, pelotas de goma y hasta han abierto fuego real en varios casos. Por ello, no es de extrañar la elevada cuota de heridos, situada ya por encima de los 1.500.

Aunque la situación no parece sorprendente en un estado que los analistas califican de «casi fallido» y tan acostumbrado a la violencia como Irak, los expertos apuntan a que esta vez se dan algunas particularidades únicas.

Un movimiento sin líderes

Uno de los grandes desafíos de Irak es la división de su sociedad en numerosos grupos de carácter político, religioso y étnico, que desde la independencia del país se han aglutinado en torno a partidos políticos o movimientos en defensa de sus intereses. Y, a menudo, las (frecuentes) movilizaciones civiles estaban organizadas e impulsadas por alguno de ellos, con unos intereses específicos resumidos en proclamas y signos claramente visibles. Estos grupos son los que se enfrentan en la guerra civil que comenzó en 2014 en la que aún hoy Irak se halla sumido pese al avance que supuso la derrota de DAESH.

Sin embargo, en esta ocasión no se aprecia un liderazgo claro. No hay una sola demanda, sino que los manifestantes «lo quieren todo», señala profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Mustansiriya de Bagdad, Ali al-Nashmi. En la plaza de Tahrir de Bagdad, centro de la protesta, se mezclan los clamores pidiendo empleo, servicios públicos y el fin de la corrupción, con un elemento en común: la necesidad de cambio y el descontento con el Gobierno.

Estas circunstancias marcan una visible diferencia con las protestas que en 2016 tomaron la icónica plaza de la capital bajo la dirección del clérigo chií Muqtada al-Sadr pidiendo el fin de la corrupción. Esta vez, los expertos remarcan que se trata de concentraciones espontáneas, coordinadas fundamentalmente por redes sociales (lo que explica la restricción al acceso a internet en el 75% del territorio iraquí).

Los jóvenes demandan trabajo: un 25% no logra encontrar empleo

Las estadísticas de paro en Irak se sitúan actualmente cerca del 8%, según el Banco Mundial, pero el porcentaje llega hasta el 25% en el caso de los jóvenes, por lo que no es de extrañar que el acceso al empleo sea una de las principales demandas en estas protestas.

El sector productivo de Irak, tullido desde la nacionalización de su petróleo en 1974, no ha logrado recuperarse de las heridas causadas por toda la cadena de guerras en las que el país se ha visto inmerso, especialmente las ocasionadas con la invasión estadounidense en 2003. Recientemente, la guerra civil lo dañó aún más, lo que explica su incapacidad para acoger a buena parte de la población. 

A esta situación se suma un elevado contigente de voluntarios en la lucha contra el DAESH, uno de los agentes más determinantes en el conflicto civil, que tras regresar a sus hogares se encuentran desempleados y sin ingresos, a pesar de que el Gobierno de Al-Mahdi ha anunciado varias veces sus planes de incorporarlos en las fuerzas de seguridad del país. Este colectivo representa, según Judit Neurink (fundadora del Independent Media Centre en Kurdistán) una de las mayores amenazas para la paz en el país, por su experiencia militar, que sumada al descontento podría contribuir a recrudecer la situación del país.

Servicios públicos deficientes

Similar es la idiosincrasia de los servicios públicos, que los poderes públicos apenas han podido garantizar a la población desde el estallido de la guerra civil. Los cortes en el agua corriente son frecuentes y la mayoría de hogares solo disponen de corriente eléctrica cinco o seis horas al día.

Estos fallos, en un país en su mayoría desértico y en el que las temperaturas pueden alcanzar los 50 grados en el cenit del verano, suponen un verdadero problema para muchos sectores desfavorecidos, impidiendo conservar la comida o hidratarse. Por ello, no es de extrañar que todos los veranos se produzcan protestas de menor importancia por este motivo.

Y precisamente, la actitud del Gobierno al respecto es uno de los puntos claves en el desafecto de la población. En los últimos años, se han anunciado cuantiosas partidas destinadas a adecentar los tendidos del país, pero los avances no llegan, algo que los manifestantes achacan a la corrupción institucional, afirmando que los representantes públicos se están lucrando con el dinero empleado en este concepto.

Además, en el horizonte de los servicios públicos iraquíes se vislumbra otra amenaza: la reciente construcción de la presa Ilisu en Turquía, que ya ha empezado a llenarse, podría suponer severas restricciones en el suministro de agua a Irak.

Uno de los países más corruptos del mundo

Quizás el elemento clave en las protestas es la corrupción consustancial al Gobierno de Irak. En 2018, el informe ‘Corruption Perceptions Index’ de Transparencia Internacional situaba al país como el duodécimo más corrupto de los evaluados, con una puntuación de tan sólo 18/100 (donde 100 sería el menor nivel de corrupción posible y 0 el mayor). El estado se caracteriza por una flagrante falta de transparencia, y las apropiaciones de dinero público, los sobornos y demás delitos son frecuentes, algo especialmente sangrante en un país que lucha por reconstruirse.

Un caso que recientemente ha levantado muchas ampollas es el del general Abdul-Wahab al-Saadi, que encabezó la lucha contra el DAESH y está considerado artífice de su derrota y goza casi de estatus de héroe. Sin embargo, el pasado viernes el primer ministro le alejó del liderazgo de las fuerzas antiterroristas sin ofrecer explicaciones, para transferirle en su lugar a un puesto en el ministerio de defensa.

Este movimiento ha sido ampliamente criticado desde muchos sectores que consideran que obedece a directrices dictadas desde Irán, un poderoso vecino con muchos intereses en el país (Irán ha sido tradicionalmente el principal promotor del chiísmo, confesión mayoritaria en Irak y actualmente en el poder tras años de dominación suní). Así, se han podido ver en las protestas numerosas pancartas pidiendo la vuelta de al-Saadi a su puesto y condenando la influencia extranjera.

¿Una nueva primavera árabe?

No son pocos los que empiezan a señalar las similitudes de la situación que estos días vive Irak con el comienzo de la llamada «Primavera Árabe« en 2011, que también comenzó con numerosas protestas espontáneas en varios países de Oriente Medio. Al igual que en esta ocasión, los manifestantes pedían mejoras en sus condiciones de vida y la toma de reformas democráticas. De hecho, en las protestas en Irak se escucha hablar de la «caída del régimen», un eco de los cánticos que sonaban en aquellas manifestaciones.

El paralelismo, incluso, se ve reforzado por la simultaneidad con otras protestas similares en otros países, como Líbano y Egipto, de manera parecida a lo que ocurrió en 2011.

Sin embargo, dada la inestabilidad de Irak el futuro de las protestas es difícil de predecir. Así, mientras algunos analistas como al-Nashmi opinan que las protestas se disolverán tras unos días más intensos después de que el gobierno anuncie algunos cambios, otros como el experto en seguridad internacional y oficial retirado de las fuerzas armadas turcas Yusuf Alabarda defienden que se trata de una «situación peligrosa», debido al riesgo de que las protestas sean manipuladas y capitalizadas por grupos radicales.