La caldera de los peledeístas muestra algunos borbollones

 En el ámbito de la política, la última semana de enero comenzó con un gemido lastimero del leonelismo: la rueda de prensa urgente del pasado domingo en la tarde para denunciar que funcionarios del gobierno de Danilo Medina preparan una campaña sucia contra el expresidente Leonel Fernández para enlodar el camino por donde busca retornar al poder.

 El único “dato” que aportaron los leonelistas para sustentar su denuncia, fue decir que el danilismo había colocado al frente de la orquestación para el supuesto denuesto a Leonel, a Juan José Rendón, un estratega venezolano con sobrada experiencia en lograr ascensos y victorias electorales, que invariablemente son posibles si se derrota a los contrarios.

No tengo forma de saber “a ciencia cierta” si existe plan alguno del danilismo para cortar las alas a Leonel porque no comparto conversaciones políticas y mucho menos confidencias con ninguno de los dos sectores en que está dividido el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), pero no estoy ciego ni metido en un calabozo como para no ver con claridad que Danilo no necesita usar este tipo de armas para maniatar a ese líder político y a toda su cuadra.

En el caso de Rendón, usó las redes sociales para desmentir de inmediato que participara en campaña alguna contra Leonel, porque en el caso que fuera cierto, lo haría de frente.

Pero si fuera cierto que existiera un plan para lanzar una campaña sucia del danilismo contra Leonel, la respuesta del leonelismo augura un soberano fracaso porque hasta hoy solo ha reaccionado con una denuncia digna de lástima.

¿Conoce alguien a algún líder político o militar que haya ganado batalla alguna solo defendiéndose?  Yo no.

A través de la historia lo que se registra es que las victorias pertenecen a quienes practican un pensamiento de ofensiva y ocasionalmente de contraofensiva, porque la defensiva estratégica ni siquiera permite conservar las fuerzas propias.

Si Leonel y sus “estrategas virtuales” conocen de un plan para desprestigiarlo, cualquier denuncia debía sustentarse en elementos probatorios, con un desmonte de argumentos y luego con una contraofensiva política firme que exprese la determinación de que “no hay marcha atrás”.

Hasta hoy, lo que yo he visto, que siempre es limitado porque no soy omnipotente ni omnipresente, es una denuncia general en los medios y mensajes en las redes para manifestar defensa, respaldo y confianza en Leonel, lo que a su vez encuentra reacciones de sus contrarios exponiendo el lado débil de su liderazgo.

Es decir: denuncia, denuncia… y cero acción afirmativa, en los hechos, para conservar las fuerzas propias y debilitar las del contrario.

Danilo golpea de frente y fuerte
He dicho que cuando Danilo manifieste al país su determinación de buscar nuevamente la candidatura presidencial por el PLD -como lo va hacer si está vivo y en salud- Leonel y sus seguidores no tendrán fuerza de ningún tipo para obstruir ese camino y la mayoría de ellos, con el mismo Leonel a la cabeza, se van a entregar sin batalla.

¿Por qué hablo en forma tan categórica? Porque si Leonel y el leonelismo hasta hoy solo han puesto su esperanza en que pueden convencer a Danilo de que no le conviene modificar la Constitución para volver a postularse, están desarmados para oponerse a ella cuando aquel dispare el pistoletazo de salida.

El leonelismo ya no tiene opción dentro del PLD y tengo las más serias dudas de que una vez neutralizado dentro de ese partido, Leonel se arriesgue a tratar de hacer que Danilo pierda las elecciones si es el candidato presidencial para mayo de 2020, como hizo con éxito relativo, Miguel Vargas con Hipólito Mejía en 2012.

Y el éxito de Vargas fue relativo porque Mejía, con su repentismo campechano, sería muy bueno para hacer “una tumba” rodeado de hacheros capaces de derribar ceibas de tres metros de diámetro en poco tiempo, pero muy malo para conservar porcentajes electorales, incluso frente a un candidato en desventaja, como era Danilo en esa competición.

¡Leonel no se atreve a salir a obstruir la reelección de Danilo una vez este sea el candidato del PLD y es muy improbable que lo intente ni siquiera en forma encubierta!

Creo que el danilismo está consciente de esta constante en el comportamiento de Leonel y por eso cada vez que tiene la necesidad, le aprieta el nudo en el cuello, pero no lo ahorca porque sabe que el resultado es idéntico y por tanto es innecesario hacerlo saltar la baranda como hacen los gallos manilos cuando los corta uno fino cerca de “la raya”.

¡Un buen general no manda un batallón a cazar a un hombre que huye sin rumbo aunque hubiese prometido ir hasta el final!

Hablan los hechos
Aporto la última prueba. Cuando el danilismo le pasó la Ley de Partidos por el Congreso Nacional con la sola oposición de los legisladores leonelistas y Leonel trató de retrasar, con palabras y no con acciones, la aplicación del aspecto de las primarias abiertas en el PLD, bastó con que el danilismo le mostrara dientes (solo los caninos, no los molares) para que se rindiera ante el asombro de sus seguidores, a quienes trató de deleitar con una narrativa de que “el partido salió unido y no volaron las sillas” como supuestamente querían sus enemigos.

Otra vez le pregunto al leonelismo… ¿y quién iba a hacer volar las sillas si el que se oponía a la decisión que finalmente se aprobó (Leonel) fue quien presentó y votó a favor de sus contrarios?

Quienes en este país están esperando que las encuestas que ubican a Leonel como favorito para ser el próximo presidente “en todos los escenarios”, que los consejos que da este sector al danilismo para que no modifique la Constitución en la búsqueda de la reelección tendrán algún eco al interior de los partidarios del continuismo, vivirán en Helsinki, no aquí en el Caribe revuelto y brutal.

Lo de Gedeón Santos es otra cosa
Desde que leí el artículo publicado por Gedeón Santos en Listín Diario el pasado 16 de enero, me di cuenta que este dirigente connotado del danilismo se sintió menospreciado y no aceptó dar un giro de 180 grados en las posiciones sobre política internacional que estaba impulsando el gobierno en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Me resultó más que obvio que Gedeón no fue consultado ni escuchado sobre el cambio brusco e inesperado que dio el gobierno de Medina sobre su relación con Venezuela.

Gedeón -sobra decir que no he hablado con él porque no lo veo personalmente desde el año 1984, siendo él un jovencito peledeísta que activaba en la zona norte de la capital y en los movimientos sociales- merecía ser consultado y escuchado en ese cambio de rumbo del gobierno al pasar de pro-chavista a anti-chavista y todo apunta a creer que él (Gedeón) no quiso prestarse a actuar como un simple mensajero, si no embajador.

El gobierno no tenía necesidad de abandonar a Venezuela -una fiel aliada de los gobiernos peledeístas cuando el petróleo estaba a 145 dólares el barril- y eso debió avergonzar a Gedeón, quien quizá había asegurado a Venezuela que República Dominicana estaría a su lado.

No hay dudas de que el proyecto reeleccionista -como lo he estado diciendo por meses- tenía necesidad de encantar al gobierno de Donald Trump y al poder norteamericano. Por eso rindió su acompañamiento a Venezuela, en un acto repudiable por inmerecido, y ahí no quiso caer Gedeón.

Eso es lo que explica que Gedeón, que desde que está en Washington como embajador permanente ante la OEA, había mantenido un discreto perfil político, salta reaccionando frente a su líder con una advertencia de que terceros períodos y segundas reelecciones son sinónimo de Estado fallido.

Dijo Gedeón más: consideró que cuando se está en reelección se hace “de todo” para lograr ese objetivo, insinuando con razón, que el giro pro-Trump y anti-Venezuela, solo se explica por la necesidad de aceptación del poder norteamericano a las aspiraciones continuistas de Danilo.

Gedeón tuvo razón de criticar por la tangente el cambio político del gobierno de Danilo frente a Venezuela, pero al hacerlo desde la posición de embajador, cualquier locuaz puede pensar que a Gedeón no le gustó que ese barco fuese abandonado cuando el aliado (el chavismo) más lo necesitaba, pero Danilo debe pensar que uno de sus pupilos (Gedeón) también lo abandonó -por la prensa- cuando se apresta a echar una gran batalla.

Una deslealtad no se enmienda con otra, si es que ambas lo son.