Una “escuelita” para adultos mayores

El aburrimiento y la desocupación agobiaban a doña Silvia, quien se pasaba los días de un lado a otro en su habitación sin encontrar qué hacer. Marcelina, quien toda su vida laboral se desempeñó como  contadora pública, ya retirada en su casa estaba cansada de sólo  contar las cantidades de vueltas que daba su abanico.

En su casa, Amada se encontraba casi siempre entristecida; Tatica se pasaba todo el tiempo pensando mucho en la casa, algo que la atormentaba bastante. Por su parte,  don Raúl, un lector fiel de Listín Diario, dice que al fallecer su esposa se sentía solo, hasta el punto de enflaquecer, pero ahora conoce de personas afables que lo tratan bien y, sobre todo, le dan cariño, un afecto ausente en algunas personas.

Ahora ellos, todos adultos mayores retirados, con historias parecidas y situaciones comunes, tienen un sentimiento distinto, dicen sentirse más alegres, se enfrascan en discusiones, se regañan mutuamente, comen acompañados, reciben clases con horarios establecidos y hacen actividades acordes a sus habilidades.

Todos asisten al Centro de Estimulación y Cuido Diurno de Adultos Mayores (Golden Age) un concepto distinto que trabaja en que el adulto mayor pueda conservar y desarrollar sus  habilidades, que por lo general pierden sobre todo en República Dominicana donde se le va limitando mucho su círculo social, por lo que necesitan espacios de estimulación.

Es dirigido por Alexandra Campusano y surge por una necesidad familiar y el interés de que el país contara con un servicio de esa naturaleza que incluyera el cuido y la estimulación diurna, según explica a Listín Diario. Cuenta con psicólogos, enfermeras, terapeutas ocupacionales, educadoras y cuidadores que están al servicio de los clientes, hombres y mujeres que asisten actualmente, donde la menor tiene 60 años y la  mayor tiene 96 años. Periódicamente reciben evaluaciones para medir el nivel de desarrollo cognitivo y las habilidades conservadas.

En terapia ocupacional trabajan en el mantenimiento de las actividades de la vida diaria, donde atendiendo a un horario establecido, trabajan en recortar y pegar, memoria, encajado, movimientos rítmicos, actividad física, abotonarse, desabotonarse, subir y bajar escaleras, pararse de la cama y de la silla, cultivando el sentimiento de logro.

Cuentan con profesores capacitados en trabajo con adultos mayores y los grupos de trabajo no pasan de las ocho personas.  

Extra se ofrecen cursos de pintura, escultura, bisutería, inglés y yoga, entre otros, y hacen excursiones a museos, al acuario, a la Zona Colonial, al Zoológico, a la Catedral y al  Botánico.

En el centro ubicado en el sector de Naco, surgió en el 2015, y busca que las personas se sientan parte de algo, compartiendo con personas de su misma edad y condiciones e historia similares.

Los horarios de asistencia dependen de cada familia, explica Campusano. “Tengo clientes que llegan a las ocho de la mañana y se van a las 6:00 de la tarde; otros que llegan a las ocho y se van a las 12:30; otros que solo vienen en la tarde; unos que vienen una, dos o tres veces a la semana. Si necesita le ofrecemos transporte y almuerzo, pero hay otros que vienen día completo y traen su almuerzo. Le ofrecemos dos meriendas que están incluidas en el servicio”, señaló. El pago por el servicio varía desde los 3,200 a los 22,500 pesos  mensuales, señala.

Funcionan como una universidad o escuela con horario establecido y los participantes van pasando de una actividad a otra. Los mismos adultos mayores le han puesto el nombre de  “la escuelita”.

Tatica. Tiene pocos días asistiendo y se siente muy contenta, porque en la casa se siente muy sola y eso me hace pensar mucho y me atormenta, entonces mi esposo pensó que quizás era bueno que buscara un lugar donde ir para que cambiara de ambiente, lo cual aceptó. “Me he encontrado a personas que admiro y me han hecho bien, porque cambio de ambiente siquiera un rato».

Marcelina. Va todos los días. Se desempeñó como contadora pública. “Yo encuentro esta iniciativa muy interesante, porque yo luego de haber sido una profesional muy activa, entonces me encuentro en la casa sin hacer nada, viendo el techo y contando las vueltas que da el abanico. Este lugar es muy organizado, programan las actividades, hacemos ejercicios, hay momentos de compartir.

Amada. Va tres veces a la semana. Yo me siento muy feliz, porque al traerme mi nieto a este centro mi vida ha cambiado totalmente; tengo mucha esperanza porque disfruto el día a día y le doy gracias a Dios y ruego porque pueda mantenerse siempre para yo poder asistir. Antes trabajaba en el área administrativa del sector educativo y tenía un salón de belleza.

Silvia. Dice que su vida era aburrida totalmente, todo el tiempo en la habitación, no encontraba con quien hablar. Se sentía horrible, desde el día en que su hija decidió llevarla allí se siente feliz, se ríe todo el tiempo, no llora como antes y ha hecho muchos amigos, nada la atormenta.

Raúl. Para don Raúl, quien se desempeñó como comerciante, ese lugar es muy interesante, pero le falta promoción, porque allí hacen que la persona recupere la confianza en sí mismo, conoce personas afables, lo tratan bien y le dan cariño que es lo que le falta a las personas como ellos. «Yo pesaba como 230 libras, se murió mi mujer y se llevó las libras mías con ella», dice. Señala que allí las compañeras son personas maravillosas que nos hemos compenetrado en la ausencia y en el dolor, hemos hecho una amalgama que nos ha hecho bien.