Trágicas consideraciones sobre el suicidio (1)

Miles de  veces se ha escrito y hablado sobre el suicidio, y cada día salen más noticias y sergas sobre dicho fenómeno, y  psiquiatras y expertos de la conducta humana expresan que es, lo de nunca acabar.

El suicidio (Del latín sui, de sí y caedere, muerte, acción de matar). Muerte que el individuo se da a sí mismo. Espaciosa es la bibliografía atinente al tema e infinito el debate respecto de su incriminación. Grandioso es el estudio de Emile Durkheim, El Suicidio.

El homicidio de uno mismo es un acto paradójico y preocupante, una monstruosidad biológica, carmesí contra la naturaleza, pues es la negación del instinto de conservación. Y permite vislumbrar su carácter morboso. El número de suicidios ha aumentado considerablemente.

El suicidio no es considerado delito en casi ninguna de las legislaciones vigentes, y en las que ha persistido hasta épocas recientes, ha ido eliminándoselo, con la curiosa excepción del Código Penal de Bolivia, que conserva sanciones para quien intente suicidarse.

 Ahorcarse es la forma más utilizada, seguida de la inmersión, las armas de fuego, el monóxido de carbono, la precipitación, los instrumentos cortantes, el aplastamiento, los barbitúricos, etc. La Oficina Mundial de Estadística ha contabilizado 160 formas de suicidarse.  

En esta situación las familias del suicida, sea para lograr dispensas religiosas, o para cobrar el seguro y hasta para la percepción de indemnizaciones laborales, tratan de conseguir certificados médicos probando que el difunto tenía sus facultades mentales alteradas.

Padecer algún trastorno mental de base (como trastorno depresivo, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos del espectro autista, trastorno límite de la personalidad, trastornos de la conducta alimentaria entre otros), haber sufrido traumatismos craneoencefálicos, o ser portador de diversos factores genéticos son elementos asociados a un mayor riesgo suicida.

Sobre el factor genético, en Brent y Melhem (2008) se señala que podría ser responsable de entre 38 y 55% de los comportamientos suicidas. Las condiciones estructurales y problemas socioeconómicos como pobreza, violencia, desempleo, migración, abuso de sustancias, sin hogar, discriminación, estigma social, etc., facilitan la sinergia de los distintos factores que influyen en el suicidio.

De esta forma, es usual que coexistan  trastornos mentales y abuso de sustancias que inclinan al suicidio. Estos trastornos y adicciones aparecen a su vez asociados a historiales de maltrato infantil o situaciones familiares económicamente difíciles. La presencia de referencias familiares también es un factor de riesgo.

A nivel individual los factores más importantes son los antecedentes de conductas autolesivas o de intentos suicidas. La disponibilidad de medios incrementa el riesgo, encontrándose tasas de suicidio mayores en hogares con armas de fuego.

Los veteranos de guerra tienen un mayor riesgo de suicidarse debido a la alta incidencia de trastornos mentales, trastorno por estrés postraumático, y molestias de salud física relacionada con la guerra. Los cuerpos policiales también son un colectivo afectado por unas altas tasas de suicidio.

En nuestros días varias investigaciones realizadas en la atención clínica de pacientes con trastorno por conducta suicida, se acuñó el término proceso suicida.  Consiste en una sucesión de fases que se  enlazan, alargando disímiles períodos de movimiento y niveles de gravedad. Dicho proceso se construye en la trama de la historia vital del sujeto, donde tres preguntas guían su pensamiento: cómo, cuándo y dónde.

Las fases, se inician en la resolución de problemas de la vida cotidiana y finiquitan muchas veces con el suicidio consumado. Esas fases son: 1.- acumulación de problemas sin resolver; 2; acumulación de conflictos; 3; crisis; 4; pensamientos negativos ; 5; ideación suicida; 6; crisis por intento de suicidio y 7; suicidio propiamente dicho. 

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