China afirma que un texto escrito por una inteligencia artificial está protegido por copyright

China afirma que un texto escrito por una inteligencia artificial está protegido por copyright

«Dreamwriter». Seguramente ese nombre no te diga nada, pero se trata de una inteligencia artificial desarrollada por Tencent que lleva desde 2015 escribiendo información sobre negocios y economía. De hecho, su estreno fue de lo más interesante, puesto que fue capaz de escribir una historia de 916 palabras en solo 60 segundos, pero no un texto sin sentido, sino que, como afirma Li Wei, periodista del sur de China, «ni siquiera podría decir que no ha sido escrita por una persona».

La pregunta es: ¿quién posee los derechos de los textos escritos por una inteligencia artificial? ¿Tienen copyright como una canción de Madonna o un libro de Yuval Noah Harari? En China afirman que sí, y es que una corte de Shenzhen ha determinado que «un trabajo generado por una inteligencia artificial está cualificado para estar protegido por copyright» después de que Tencent, creadora de Dreamwriter, denunciase a Shanghai Yingxun Technology Company, que en 2018 copió un artículo escrito por su IA.


La IA creativa y su controversia

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De acuerdo al tribunal, «la forma de expresión del artículo se ajusta a los requisitos del trabajo escrito y el contenido muestra la selección, el análisis y el juicio de la información y los datos relevantes del mercado de valores» (el texto era un informe de la bolsa de Shangai del 20 de agosto de 2018). Dicho texto tenía una «estructura razonable», una «lógica clara» y «cierta originalidad».

Shanghai Yingxun Technology Company copió y pego el texto en su web y, tras la denuncia, lo eliminó, pero eso no ha evitado que la corte haya sancionado a la empresa con 1.500 yuanes, unos 195 euros, en concepto de pérdidas económicas y protección de derechos. Es una medida de lo más interesante y, como expone la agencia de noticias china ECNS, «discutible».

ECNS cita al abogado Wang Guohua, que afirma que:

«De acuerdo con nuestra ley de derechos de autor y algunas convenciones internacionales, la definición de un trabajo enfatiza primero que la creación es original, reproducible y producida en base a la actividad intelectual humana. Por lo tanto, la inteligencia humana es el núcleo y la premisa».

Ahora bien, tenemos que entender cómo funciona una inteligencia artificial. Una IA no «escribe sola», sino que necesita de ciertos inputs introducidos por humanos. En el caso de un texto periodístico, podrían ser palabras clave y datos económicos, y en ese caso, apunta el abogado, «las máquinas deberían ser el autor en lugar de la inteligencia humana y el contenido no debería estar protegido por la ley de copyright». De acuerdo a Guohua:

«Dado que cualquiera puede usar las máquinas y generar el mismo contenido con las mismas palabras clave, debemos pensar qué protege exactamente la ley de derechos de autor: la actividad intelectual de elegir palabras clave o un trabajo realmente creado por la inteligencia humana».

Es precisamente ahí donde está el quid de la cuestión, en si lo que se debe proteger es la introducción de inputs o el trabajo final fruto de dichos inputs. Casos para examinar hay decenas, pero seguramente resulten familiares el retrato ‘Next Rembrandt‘, generado por una IA tras haber analizado las obras del pintor holandés, o WaveNet, la IA de Google capaz de crear música a partir de grabaciones. Podemos mencionar también los cuadros pintados por una IA de Google que «sueña» o ‘Sunspring‘, el corto cuyo guion fue escrito por una red neuronal.

Un repaso a los casos y opciones

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO, por su siglas en inglés) intentó abordar este asunto en 2017 a través de un artículo escrito por Andres Guadamuz, profesor de Derecho de Propiedad Intelectual de la Universidad de Sussex, Reino Unido. Este explica que una característica importante de la inteligencia artificial aplicada al arte es que «si bien los programadores pueden establecer parámetros, el trabajo en realidad es generado por el propio programa de ordenador, denominado red neuronal, en un proceso similar a los procesos de pensamiento de los humanos».

Sin embargo, las leyes de propiedad intelectual y derechos de autor ponen a la persona en el centro. Por ejemplo, la Ley de Propiedad Intelectual española establece que «se considera autor a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica» y que «son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro».

Otro caso interesante está en la jurisprudencia estadounidense (Feist Pubs., Inc. v. Rural Tel. Svc Co., Inc., 499 US 340 (1991)), donde se especifica claramente que «los escritos que deben protegerse son el fruto del trabajo intelectual» y que «se basan en los poderes creativos de la mente». El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha seguido la misma premisa en alguna ocasión, determinando que los derechos de autor se aplican solo a «obras originales» que reflejen «la creación intelectual propia del autor».

Por norma general, las leyes de copyright y derechos de autor parten de la premisa de que la obra ha sido generada por un humano

La controversia está en que la IA, en estos casos, no es una herramienta de soporte como podría ser Photoshop o Premiere, sino que toma decisiones de forma autónoma, interviene en el proceso creativo. Crea, si preferimos decirlo así. Pero si nos ceñimos a la definición de «autor», realmente una IA no entra en la definición porque no es una «persona». Ante semejante dicotomía, la WIPO propone dos opciones:

  • Denegar la protección por copyright a las obras generadas por un ordenador.
  • Atribuir la autoría de dichas obras al creador del programa.

Reino Unido, por ejemplo, usa la segunda opción. En su Ley de Derechos de Autor, Diseños y Patentes, que data de 1988, se establece, en la sección 9, punto 3, que «cuando se trate de una obra literaria, dramática, musical o artística generada por ordenador, se entenderá que el autor es la persona que realiza los arreglos necesarios para la creación de la obra». En el caso que hoy nos ocupa, sería Tencent, y no Dreamwriter per se.

Desde el punto de vista de Guadamuz, este sería el enfoque más acertado. Así lo argumenta el profesor:

«La concesión de derechos de autor a la persona que hizo posible la operación de la inteligencia artificial parece ser el enfoque más sensato, y el modelo del Reino Unido parece el más eficiente. Tal enfoque garantizará que las empresas sigan invirtiendo en la tecnología, con la certeza de que obtendrán un retorno de su inversión».

Sea como fuere, el debate está servido y va para largo. Principalmente, porque todavía está por definir si lo que hace la inteligencia artificial es arte. La RAE, por ejemplo, define que el arte es la «manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros», pero el arte, como afirma Yuval Noah Harari en su libro ’21 lecciones para el siglo XXI’, «consiste en inspirar (o manipular) emociones», y salta a la vista que la IA va en camino de conseguirlo.


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China afirma que un texto escrito por una inteligencia artificial está protegido por copyright

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Xataka

por
José García

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