Milagros en la economía

Si se comprueba su eficacia, un nuevo mecanismo para sacar a un país de las garras de la pobreza estaría disponible para ser utilizado. Sería un gran acontecimiento, pues a lo largo del tiempo economistas y planificadores se han mantenido vigilantes, a la caza de fórmulas que inicien o aceleren el desarrollo económico de las naciones pobres. En verdad, no han tenido mucho éxito en ese noble propósito, a pesar de sus mejores esfuerzos, y la distancia que separa a esas naciones de las ricas ha aumentado en lugar de disminuir.

Seguir el mismo camino que transitaron los países hoy desarrollados no es una opción políticamente atractiva. Procesos que tomaron siglos para desenvolverse, no son el tipo de solución que el tercer mundo desea encontrar para poner fin a sus precariedades. Lo que se quiere aplicar son remedios de efecto rápido, beneficiosos para las presentes generaciones. Y esos procesos del pasado tampoco parecen ser hoy en día viables, en vista de que se llevaron a cabo basados en el abuso y depredación de los recursos naturales, tanto propios como ajenos, sin que fueran por lo tanto, susceptibles de ser simplemente copiados y repetidos en la actualidad.

Por supuesto, un mecanismo alternativo, muy poderoso, es la explotación de recursos como el petróleo, que ha convertido zonas depauperadas del mundo en deslumbrantes emporios. Para hacer uso de él, sin embargo, hay que poseer dichos recursos, requisito éste que la mayoría de las naciones pobres no cumple.

Pero la búsqueda de otras opciones continúa, ya que la esperanza de hallar pociones milagrosas no se pierde, sustentada por las características sicológicas de los seres humanos, y alimentada por el discurso y las ofertas de líderes políticos y reformadores sociales.

El empleo del bitcoin y otras criptomonedas es el nuevo mecanismo que ahora promete ser la vía para dejar atrás al subdesarrollo y la miseria, objetivo cuyo logro se plantea resultará de su reconocimiento como moneda de curso legal.