OPINION: El PLD a la sombra del ocaso

En la política, ciencia y arte, muchos son los ejemplos de entradas y salidas del poder, con caídas estrepitosas, de organizaciones y personas que han alcanzado la cima del poder, pero que también han probado el polvo de la derrota, con su correspondiente debacle, temporal o eterna.

Es normal en la búsqueda del poder, transitar estados de inmensa plenitud, propio del éxtasis de la victoria, así como, en cualquier momento, se pueda sentir el vacío de no pertenencia, que produce la derrota.

Hay derrotas honorables, por haber combatido en buena lid, en el marasmo de emociones que, envuelve la contienda, en tales casos, se ha participado en la lucha, con hidalguía, honradez y con el respeto mínimo, que merece tu contendor.

Se defiende un territorio, se lucha por una creencia o ideología, pero sobre todo, el hombre como animal político ha luchado por fervor religioso por fuentes de energías o por el poder político per se, en procura siempre de mantener lo conquistado o ampliar su influencia.

Sin embargo, hay quienes nunca, al sufrir una derrota, se han detenido a analizar las causas de la misma, determinar responsabilidades, en consecuencia, condenar o desechar a culpables, como medida ejemplarizante, para no volver sobre sus errados pasos.

Aterrizando en la caricatura, de congreso interno pld, parece que, los golpes recientes, han sido tan contusos que, convulsionante, ha perdido los métodos de interpretación política, enseñados por el maestro, siguen aferrado a un «jefe» desacreditado e insulso, repudiado hasta la saciedad.

Acorralado, “el jefe” prefiere hundir, aún más, su partido, involuciona cada día, lo atrasa, las nuevas ideas son amordazadas, él es batuta y constitución, la democracia interna decapitada, con frialdad maléfica, ante la mirada exhausta, de una dirigencia que, siente que nueva vez ha sido traiciona.

Las voces disidentes, rápida y veloz, son embaucadas con ofrecimientos a posiciones en el comité Central, Obvio, ya no están las arcas públicas para usarlas como freno, a cualquier osado que, como bicho raro, cuestione las resoluciones antidemocráticas, de su servil comité político.

Pero que resulta, los supuestos agraciados saben que, ante el derrotero de su partido, ser del abultado CC es nada, observan impotente, que su CP, lo integran gentes, sin historia, sin méritos, más bien, temerosas ante la posibilidad latente, de ser encartados, en las mafias de los pulpos.

Desolados! Lloran al ver que no hay quien conceptualice, ni se atreva a desafiar al «jefe» a quién buscan heredar, sin importar la pestilente pus corrupta que, destilan sus impolutos ex funcionarios, tratando de tener poder a cualquier precio, con una doble moral que desluce.

Así transcurre, la vida política del otrora pld, sin brújula, sin rumbo fijo, tripulado por un capitán, preso de sus propias maldades y bajas pasiones, vacío de contenido, incapaz de defenderse, de las presuntas acusaciones en su contra, fruto de la estructura criminal, armada por sus propios familiares y afines.

Que desgracia para ese partido! Así marcha su bitácora política, cobijado, en un ayuntamiento carnal maldito, con la sombra de un ocaso irreversible de su «jefe» político, chocando con los arrecifes filosos de un pueblo que, por fin corta en el aire y de una justicia que los espera impaciente.

Así las cosas, se le convierten los días en años, decreciendo en su aceptación y cayendo en un abismo profundo y oscuro, cuya cuantificación física, matemática y política, se ha de reflejar irremediablemente, en los venideros torneos electorales.

Todo evidencia que, al «jefe», ante su imposibilidad absoluta de volver al poder, sobre todo, ante el cascaron que convirtió al pld, con sus maléficas decisiones, sólo le importaría sus siglas, jamás sus vasallos, con el inicuo propósito de negociar, su propia impunidad. !qué pena!